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Cuando ayudar se convierte en propósito.

Desde que era niño, aprendí una verdad que la vida se ha encargado de confirmarme una y otra vez: ayudar a los demás siempre trae abundancia.

No solo en lo económico —aunque a veces también—, sino una abundancia mucho más profunda: espiritual, emocional y llena de propósito.

He vivido muchas historias que me han confirmado que ayudar transforma, pero hay una en particular que marcó mi vida para siempre.

No solo quiero contarla con palabras, sino también con imágenes. Imágenes que no salieron solo de mi cámara, sino de lo más profundo de mi corazón.

Y hoy quiero compartirla contigo, porque quizás tú también estás esperando una señal…

Y tal vez, esta sea la tuya.

El viaje que lo cambió todo

En Julio de 2024, fui invitado a dar una conferencia para fotógrafos en Cali, Colombia. Aunque los mexicanos tenemos fama de ser buenos anfitriones, esta vez me tocó estar del otro lado.

Desde que llegué, me sentí profundamente conmovido por la calidez, la generosidad y la alegría de cada persona que conocí. Me sentí en casa, sin estarlo.

Llegué semanas antes del congreso, con ganas de conocer más del país. Empecé en Medellín: su gente, su comida y su energía me atraparon por completo.

Después viajé a Armenia, donde un amigo que vivió conmigo en México me recibió con los brazos abiertos. Juntos visitamos el Valle del Cocora, un lugar que llevaba años soñando conocer. Caminar en el eje cafetero,entre palmas gigantes, envuelto en neblina, fue como estar dentro de una película, esa noche dormimos en Salento, un pueblo que huele a café y está lleno de color y vida. Pasamos por Finlandia, y finalmente llegué a Cali.

Ahí compartí una semana mágica. Di una conferencia y un taller rodeado de personas apasionadas, con hambre de aprender, con una entrega que me llenó el alma.

Pero lo más poderoso aún estaba por venir.

La voz

Después del evento, viajé a Cartagena, una ciudad que siempre me ha hecho sentir en casa. Caminando entre sus calles empedradas, rodeado de historia y belleza, escuché una voz dentro de mí.

No era un pensamiento cualquiera. Era algo más profundo, una fuerza suave pero insistente que me decía:

“Recuerda tu propósito.”

No sabía exactamente qué significaba eso… pero supe que tenía que hacer algo.

La locura más hermosa

Y fue entonces cuando nació una de las ideas más locas —y más hermosas— de mi vida:

Organizar un Congreso Internacional de Fotografía en Cartagena, reuniendo fotógrafos y videógrafos de México, Colombia y España, y donar el 100% de lo recaudado a una organización que trabajara con los más necesitados en la ciudad.

Este congreso se llamaría Lighthouse. Por que cuando este perdido y no sepa a donde ir, esto sera mi guía. Lo que me ayudara a encontrar el camino. 

No tenía idea por dónde empezar.

Nunca había organizado una conferencia, y mucho menos algo internacional… desde otro país.

Pero había algo dentro de mí que me daba paz:

Sabía, profundamente, que si esta idea venía de Dios, Él se encargaría de mover las piezas mucho mejor de lo que yo podría.

Uno a uno, los fotógrafos a quienes invité aceptaron participar.

Les conté que no podía pagarles ni un solo peso, porque todo se donaría.

Y todos, sin dudar, dijeron que sí. No solo dieron su tiempo y talento, sino que pusieron su propio dinero para estar ahí.

Conseguimos el espacio en la Universidad de Cartagena…

Y no cualquier espacio: el Claustro de Gabriel García Márquez, un lugar mágico, en el corazón de la ciudad. Todo empezaba a tomar forma.

El sueño ya no era una idea. Era una realidad.

El milagro

Y llegó el gran día.

Los conferencistas y asistentes fueron llegando desde distintos países.

Cartagena se llenó de cámaras, de historias, de pasión, de aprendizaje.

Cada conferencia era una chispa que encendía algo nuevo en cada corazón.

Caminábamos juntos por la ciudad, compartiendo no solo técnicas y herramientas, sino también una visión común: hacer de la fotografía un acto de amor.

Al tercer día, cerramos el congreso con una fiesta inolvidable.

Todo había superado nuestras expectativas.

Lo que nació como un susurro en el alma, se convirtió en una ola imparable de luz.

Y sin saberlo, lo más fuerte, lo más transformador, vendría después.

Unos días después del evento, aún quedábamos algunos fotógrafos en Cartagena.

Recibimos una invitación para participar en una actividad organizada por la fundación “Ayudar”. No sabíamos muy bien de qué se trataba, pero algo nos dijo que debíamos ir.

Ese día conocimos a Henry, un joven de 30 años, fundador de la Fundación Rueda del Alfarero.

El, abrió su corazón y nos contó su historia.

Durante años estuvo atrapado en las drogas y las pandillas.

Dañó, sufrió, se perdió mucho … hasta que un día, Dios lo llamó.

Y Henry respondió.

Hoy, dirige una casa donde viven más de 70 personas en proceso de rehabilitación. Personas que, como él, solo necesitan una segunda oportunidad.

Nos mostró una habitación donde más de 60 personas duermian en el piso.

Nos confesó dos sueños: construir literas para darles un lugar digno para descansar…

y comprar un auto para poder movilizarse y seguir ayudando.

Y ahí fue cuando todo tuvo sentido.

Sin saberlo él, y sin haberlo planeado nosotros, decidimos donarle lo recaudado del congreso.

Cuando le dimos la noticia, Henry se quedó en silencio.

Después, con lágrimas en los ojos, nos confesó que llevaba tiempo pidiéndole a Dios ayuda para comprar ese auto.

Y que justo ese día, un grupo de fotógrafos de distintas partes del mundo llegó con la cantidad exacta que necesitaba.

Ahí entendí algo que me estremeció:

Esa voz no era mía.

Era Dios, respondiendo una oración.

No para mí…

sino para Henry.

Esta historia no me pertenece.

Yo solo fui testigo de un milagro.

De lo que pasa cuando decidimos obedecer esa voz, ese susurro, esa idea loca que no te deja en paz.

Nada de esto habría sido posible sin todos los conferencistas y asistentes que viajaron desde tan lejos, donaron su tiempo, su dinero y su corazón para hacer esto realidad.

Hoy, te quiero invitar a ti

A que tú también escuches esa voz.

A veces parece solo una corazonada.

Pero puede ser, en realidad, la respuesta que alguien en algún lugar está esperando.

Nunca sabrás el poder de tu obediencia…

hasta que te atrevas a dar el paso.

Gracias por leer esta historia. Gracias por abrir tu corazón.

Y si te nace apoyar esta causa, aquí te comparto los datos de la fundación.

Cualquier cantidad, por pequeña que parezca, será una semilla que transformará vidas.

Fundación Cristiana en la Rueda del Alfarero

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